Fabel le acarició suavemente una mejilla con la mano
enguantada. Un gesto estúpido; un gesto probablemente inapropiado |...| Ella lo
miró con sus grandes ojos. Ojos celestes que no parpadeaban.
Cuento de muerte (Brother Grimm)
La cita que
titula esta colaboración la tomé del artículo “Por sus novelas (policíacas) los
conoceréis”, publicado el pasado 6 de noviembre en La Jornada y escrito por el polaco Maciek Wisniewski. De sus
palabras, con las que concuerdo totalmente, retomo algunas cuantas ideas y las
ejemplifico.
Lo
que pretendo también es invitar a la incursión en el género negro, no en el
relato morboso y desteñido de quien utiliza a la peor de las actividades
humanas, el crimen, como excusa para escribir, sino a la literatura que se encierra
el orificio de una bala en la pared, o, como en el epígrafe, en la belleza de
unos ojos que, encontrados en una playa desolada de Hamburgo, nunca volverán a
cerrarse.
Tomada del sitio CraigRussell.com
